domingo, 12 de noviembre de 2017

LA CARA AL VENT...

«Imitad a estos ahora vosotros, cifrando la felicidad en la libertad y la libertad en la valentía, sin inquietaros por los peligros de la guerra». Oración fúnebre de Pericles

  
La cara al vent… Así reza la canción del conocido Raimon. La imagen me sugiere valentía, ir a pecho descubierto, no ir con la fuerza del viento sino contra él, plantándole cara, diciéndole: “sé que me puedes empujar, tumbar, pero aquí estoy yo”. Y sí, por suerte no siempre tendremos que luchar contra la violenta tramontana, que cederá su lugar a la brisa en la cara. Y ése será un gran placer, será esa manera agradable de disfrutar de esta maravillosa vida buscando la luz, buscando la paz, buscando a Dios…

Mi admiración por la valentía y el coraje sobrepasa incluso mi debilidad por la inteligencia, porque en la inteligencia no siempre apreciamos calidad moral. Seguramente por una mala definición de lo que es realmente la Inteligencia,  yo nunca he dado por buena esa idea de que se puede ser muy inteligente y malo; sí se puede en cambio ser listo, astuto y malo. La inteligencia con mayúsculas tarde o temprano nos tendrá que llevar a entender que una actuación inteligente debe llevar siempre a la búsqueda del Bien. Quizás en esto soy muy socrática, “quien conoce el Bien, no puede hacer otra cosa que obrar bien”. Las malas acciones son siempre fruto del desconocimiento, de la falta de verdadera inteligencia. Hoy está de moda decir que son fruto de la enfermedad… que al fin y al cabo no es otra cosa que debilidad, falta de virtud y falta de coraje: renuncia a combatir.

Por eso siento el coraje por encima de la inteligencia. Coraje que viene de “cor” (corazón) que es la fuerza y la seducción de todo lo que nos viene de los instintos: infinitamente más potente que lo que nos venga del razonamiento. Es que al fin y al cabo es imposible luchar contra la fuerza de los sentimientos. Ante éstos, la razón y la inteligencia son impotentes.

La razón no es más que una fuerza regulativa, que pone orden o intenta ponerlo; pero yo diría que casi al margen de la realidad, el orden es siempre ficticio, mientras que la pasión es siempre real y configura su propia realidad sin necesidad de explicaciones.

Por eso nos seducen los héroes: no por listos, sino por valientes. Y el mundo está mucho más huérfano de valientes que de inteligentes. Nos hacemos borregos por cobardía; no nos va bien en la vida por cobardía; no tenemos éxito por cobardía (el que no se arriesga, nunca fracasa); no somos felices por cobardía; no plantamos cara a la vida por cobardía.

Y ¿qué es ser valiente? Valiente es el que se sabe libre, el que asume que siempre tenemos opción en la vida porque entre otras cosas siempre podemos optar por la incomodidad, por la pobreza, por la cárcel, por el dolor y por la muerte. El que opta por no sufrir daños colaterales, no nos seduce.

Sabiéndonos una especie adaptativa, sabiendo que nuestro cerebro tiene como primera y casi única misión nuestra supervivencia, vernos a nosotros mismos traicionando ese principio básico nos produce la mayor de las satisfacciones. Nos gusta saber que si queremos, nos adaptamos; y que si no nos da la gana, nos suicidamos. La adaptación nos parece razonable; la posibilidad de ir contra ella, inenarrable. Quizás eso explica el éxito de algunos movimientos sociales y de sus líderes.

Lo mismo ocurre con el amor: nos satisface adoptar como imagen perfecta del amor, dos enamorados haciéndose carantoñas, o una madre dando besos a su bebé. Pero lo que realmente nos conmueve es cuando ese amor de alguna manera implica una autonegación y muchas renuncias. Lo que nos maravilla no es ver una madre acariciando a su hijo, sino verla capaz de trabajar doce horas al día para darle de comer: renunciando a muchas de sus necesidades para cubrir las del hijo.

No es casualidad que nuestros mitos, nuestra literatura, nuestro arte, nuestra música con muchísima insistencia nos narren historias épicas de personajes épicos que fueron capaces de olvidarse de todo aquello que parecía simplemente razonable y prudente.  


IDEAS PARA RECORDAR:
  • Intenta pensar tu felicidad en base a tu libertad, y ésta en base a tu valentía. Sin inquietarte por los peligros de la guerra como dice Pericles.
  • Plántale cara a cualquier viento huracanado que aparezca en tu vida. A veces tenemos suerte y gozamos simplemente de una suave brisa. 
  • Debemos entender que una actuación verdaderamente inteligente debe llevarnos a la búsqueda del Bien. 
  • El coraje es la fuerza y la seducción de todo lo que nos viene de los instintos. 
  • El orden es siempre ficticio, mientras que la pasión es siempre real y configura su propia realidad sin necesidad de explicaciones. 
  • El mundo está huérfano de valientes.
  • Lucha por tener un corazón de león.
Foto: MarCruzCoach